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viernes, 20 de marzo de 2020

QUINTA ETAPA CAMINO ARAGONES: UNDUES-LUMBIER


Hace ya algún tiempo hicimos el Camino de Santiago empezando en Roncesvalles, como aragoneses que somos se nos quedó clavada la espinita de hacer el tramo aragonés hasta su confluencia con el navarro en Puente la Reina, así que parte de las vacaciones del pasado año las dedicamos a esta idea.
Una vez finalizada el tramo que es cuando escribimos estas especies de crónicas sacamos varias conclusiones que ya comentamos en la primera etapa del tramo aragonés y que no vamos a repetir hasta el final del tramo por no hacernos pesados.



ETAPA UNDUES –LUMBIER
Ultimo pueblo de Aragón, que ¡cómo no!, tenemos que volver a bajar lo que ayer subimos, salimos temprano para continuar nuestro camino.















Como siempre salimos amaneciendo, a nosotros nos gusta así. Esta vez el camino es bastante agradecido y no hay mucha subida y bajada. Nos alejamos de Undués por un sendero que se abre paso entre el matorral y que desciende por la cresta de la montaña.
























Al rato alcanzamos el panel informativo que nos da la bienvenida a Navarra. Aragón llega a su fin, ya hemos avanzado 99 kilómetros desde Somport. Desde aquí hasta Sangüesa vamos por pistas. Sangüesa para quien no la conozca bien merece una visita.


A partir de aquí se nos ofrecen dos alternativas, Por Rocaforte o por Lumbier, decidimos ir por Lumbier, por dos razones, porque las guías la dan como mas suave la etapa aunque des un pequeño rodeo y porque nos apetece ver la Foz de Lumbier, el famoso puente el diablo y sus buitres, es una zona que siempre que hemos pasado por la carretera, desde lejos nos ha gustado y cuando estuvimos hace un tiempo en las ruinas de la villa romana de Liedena nos gustó el entorno, es ligeramente más larga, unos ocho kilómetros, aunque bastante más suave y permite contemplar el entorno natural de la Foz que bien merece la pena. En Liédena se sigue por la vía verde del antiguo ferrocarril del Irati que serpentea sobre la Foz de Lumbier y cómo hacemos etapa en Lumbier, no se nota el rodeo.



















Si hasta aquí prácticamente íbamos solos todos los días, la entrada a la Foz nos sorprende por la cantidad de caminantes que hay, al salir de la Foz descubrimos por qué, ¡Hay un aparcamiento vigilado y de pago al otro lado!, se puede acceder por carretera desde Lumbier y es el tramo que debemos andar para finalizar la etapa.Te deja a escasos 200 metros de la entrada a la Foz y hasta te alquilan prismáticos para ver los buitres, que por cierto los hay y en cantidad. ¡Ya nos extrañaba a nosotros tantos peregrinos!.

sábado, 7 de marzo de 2020

CUARTA ETAPA CAMINO ARAGONÉS ARTIEDA-UNDUES


Hace ya algún tiempo hicimos el Camino de Santiago empezando en Roncesvalles, como aragoneses que somos se nos quedó clavada la espinita de hacer el tramo aragonés hasta su confluencia con el navarro en Puente la reina, así que parte de las vacaciones del pasado año las dedicamos a esta idea. 
Una vez finalizada el tramo que es cuando escribimos estas especies de crónicas sacamos varias conclusiones que ya comentamos en la primera etapa del tramo aragonés y que no vamos a repetir hasta el final del tramo por no hacernos pesados.


ETAPA ARTIEDA - UNDUES.                                                          
Largas y agotadoras son estas etapas aragonesas en comparación con la bajada por el tramo Navarro. 
Salimos de Artieda amaneciendo porque presuponemos por lo leído que la etapa va a ser dura, como así constataremos al final de ella. No hace falta desandar parte del camino de ayer, ya lo habíamos estudiado por la noche, tras de nuevo como días anteriores una fuerte pendiente nos coloca en el camino dicen que nuevo, porque el pantano de Yesa destruyo el original, esta primera parte de la etapa no presenta ninguna dificultad, es más al rato entramos en una senda por el bosque muy recomendable y muy agradable que prácticamente nos lleva a Ruesta, pasando antes por la ermita de San Juan, afortunadamente bien protegida.                                                                 


















                     



   












Ruesta pueblo-fortaleza, núcleo importantísimo en antaño y que hoy no queda más que ruinas y un par de casas reconstruidas como albergue. El pasar por el medio de sus ruinas te apesadumbra y ves como la civilización moderna ha destruido el modo y vida de cientos de años. De Ruesta nos despedimos con un empinado descenso en dirección a Las ruinas de lo que fue camping  que se encuentra en la hondonada. Tras cruzar dicha zona, se empieza a subir primero por una senda forestal, pasamos junto a la ermita de Santiago, templo románico abandonado a su suerte. Al paso por la ermita le toma el testigo una pista forestal, que se encargará de guiar nuestros pasos en la subida a Peña Musera, no hay pérdida, un permanente y prolongado ascenso nos conduce hasta una altiplanicie. 

Dice el refrán “cobra buena fama y échate a dormir”, pues eso…, muchos montes del camino llevan fama de duros, pero creemos que esta subida es para colocarla entre las peores, larga, muy empinada en ocasiones, sin una sola gota de agua ni fuente por el camino, sin sombra apenas aunque pasas por zona boscosa, son cuatro kilómetros realmente duros. Ni el puerto del Perdón, ni el techo de Mostelares, ni Monjardin, quizás los montes de Oca, o la etapa de Porto Marín sea lo más parecido, pero desde luego engaña en todas las guías que habíamos consultado. A la altiplanicie llegas pero como decimos tras la dura subida. 


Comenzamos a descender por un terreno abierto. Undúes de Lerda aún dista cinco kilómetros En un punto dejamos la pista, ya se puede ver Undués de Lerda al otro lado, de nuevo una empinada vaguada, de tal modo, que un fuerte descenso seguido de un duro repecho es el remate de este tramo y encaramos el descenso a la vaguada que nos lleva a Undues por una trocha. Tras un tramo de incomoda calzada romana se nos exige un último importante esfuerzo para entrar en Undués, un esforzado repecho. 

Una etapa dura por engañosa a partir de la mitad donde se sigue la tónica del camino aragonés, ningún núcleo de población donde descansar avituallar o reponer fuerzas (salvo el rustico bar de Ruesta). Esta etapa nos demuestra una vez más lo que hemos indicado a lo largo de este blog en el relato de nuestro caminar en el camino, hay que intentar programarse o de lo contrario te expones a llevarte alguna que otra sorpresa. 


 En esta etapa como decimos no hay nada, ABSOLUTAMENTE NADA entre Artieda y Ruesta y NADA ABSOLUTAMENTE NADA entre Ruesta y Undues, por lo que según como te organices, te puedes encontrar con tener que hacer al final del día otros 7/8 km de propina, y desde luego para quien haya hecho el camino o sepa lo que significa eso después de andar unos 25 Km comprenderá lo que estamos diciendo, largos tramos sin avituallamiento, y además, pocos lugares donde guarecernos del sol. 

Tras asearnos descansar y reponer fuerzas, nos vamos a las piscinas que es el único bar del pueblo salvo el del alberge, pedimos un café y ¡DIOS! no tienen cafetera, esto es Aragón y lo demás tonterías. 

Cenamos muy bien en el bar del albergue, son muy amables, como somos los únicos (por no mentir hay un extranjero), nos dicen que vayamos pronto a cenar para poder cerrar antes, se quejan de los pocos peregrinos que siguen este tramo que ha obligado a cerrar por ejemplo el albergue de Izco. Más adelante nos enteraremos que también el de Olcoz ha cerrado. 




domingo, 19 de enero de 2020

TERCERA ETAPA CAMINO ARAGONES ARRES-ARTIEDA


Hace ya algún tiempo hicimos el Camino de Santiago empezando en Roncesvalles, como aragoneses que somos se nos quedó clavada la espinita de hacer el tramo aragonés hasta su confluencia con el navarro en Puente la reina, así que parte de las vacaciones de este año las hemos dedicado a esta idea. 
Una vez finalizada el tramo que es cuando escribimos estas especies de crónicas sacamos varias conclusiones que ya comentamos en la primera etapa del tramo aragonés y que no vamos a repetir hasta el final del tramo por no hacernos pesados.
 
Etapa ARRES ARTIEDA

Tras la etapa de ayer que al principio fue fácil pero que el final se complicó en cuanto a orografía iniciamos esta etapa en la que nos mentalizamos que no vamos a pasar ninguna localidad en toda la etapa, ni ningún lugar habitado y eso a veces se hace eterno, además como apenas vemos peregrinos, vamos excesivamente solos y a pesar de que algunos dicen que son soledades que enamoran, ¡pues no!, así que nos aprovisionamos de fruta y agua para el camino, fundamental en esta etapa.






Bajamos desde Arres que ayer subimos por una fuerte pendiente que es a la vez senda y torrentera, para tomar el camino que ayer no cogimos por hacer etapa en Arres. Dejamos a la izquierda Martes y Mianos, habiendo atravesado la frontera regional entra Huesca y Zaragoza, pueblos que además de no tener servicios supondrían unas fuertes subidas. Y vamos avanzando por varios barrancos en los que hay puentes colocados que facilitan el cruce y extraños montículos de grava, llama la atención la zona que se pisa y sus alrededores, se parece a un paisaje lunar, el terreno de la etapa, aun cuando circula todo el tiempo por la falda de la ribera del mismo río, es muy árido, muy poca sombra, una senda entre Martes y Mianos durante unos 30 minutos es la única que hay en todo la etapa, senda que en su comienzo hay que adivinar porque la señalización es más bien escasa. 

Hay guías que te suben a Mianos, pero visto el panorama preferimos ir por la zona de los barrancos la subida nos parece excesiva para nada. 

Un incómodo tramo de sube y baja llega hasta la carretera que conduce hasta los pies de Artieda. Decidimos terminar aquí la etapa, ósea que debemos subir hasta el centro del pueblo, donde se encuentra el albergue. Para continuar hacia Ruesta no es necesario subir a Artieda, aunque hay que tener en cuenta que quien siga no encontrara nada por el camino hasta Ruesta, a donde iremos mañana, hay peregrinos que han decidido continuar, unos suben a darse un respiro, otros siguen. Llegamos al final a Artieda, que como decimos está en un alto, en un cerro, parece que todos los pueblos de Aragón se hallan elevados. 


En el albergue son muy agradables y lo tienen bastante bien montado, una reconfortante siesta porque no hay otro bar en el pueblo y el del albergue cierra hasta las 6 de la tarde y un paseo por el pueblo antes de cenar observando por donde tenemos que bajar mañana completan el día, cenamos bien, muy bien.

martes, 24 de diciembre de 2019

SEGUNDA ETAPA CAMINO ARAGONÉS. JACA-ARRES


Hace ya algún tiempo hicimos el Camino de Santiago empezando en Roncesvalles, como aragoneses que somos se nos quedó clavada la espinita de hacer el tramo aragonés hasta su confluencia con el navarro en Puente la Reina, así que parte de las vacaciones de este año las hemos dedicado a esta idea.
Una vez finalizada el tramo que es cuando escribimos estas especies de crónicas sacamos varias conclusiones que ya comentamos en la primera etapa del tramo aragonés y que no vamos a repetir hasta el final del tramo por no hacernos pesados.

ETAPA JACA- ARRES



 

Hasta Puente la Reina de Jaca, en un tramo monótono y sin desniveles, hay una interesante variante que pasa por los  monasterios, el nuevo y el viejo, de San Juan de la Peña, y    Santa Cruz de los Seros, incrementa la distancia en unos 20      km, o sea lo que sería otra etapa, pero ojo que estamos en Aragón, lo decíamos en la primera etapa del tramo aragonés, la pobre infraestructura, no hay ningún refugio ASI QUE O RETORNAS O SIGUES, hablamos con peregrinos que por no perderse esta importante visita cogieron un taxi de ida y vuelta al monasterio, si tienes tiempo y ganas, merece la pena perder una jornada en la visita a los dos monasterios y ya de camino Santa Cruz de la Seros, nosotros hemos estado ya en varias ocasiones así que seguimos el camino oficial.
Pasado Santa Cilia nos toca hacer carretera un rato hasta que una señal que casi hay que adivinar primero nos desvía de la carretera por una senda mal trazada al borde de campos  y vamos avanzando más por experiencia que por señalización hasta que de nuevo llegamos a la carretera, aquí la señalización  nos interna por una senda sombría que baja hasta la margen del río, donde se  han aprovechado los cantos rodados para formar con ellos estructuras verticales semejantes a chimeneas, algunos dicen que los peregrinos, pero la estructura, el montaje y la disposición más nos hace pensar que es obra personal de alguien…El conjunto de todas ellas forma un paisaje asombroso, un poco más adelante llegamos al emblemático Puente de Puente La Reina.

















Viendo que de aquí al final no hay nada para aprovisionarnos pasamos al otro lado del puente que luego desandaremos para almorzar antes de continuar.















Nada más cruzar el puente, se sigue por una comarcal, que conduce a Arrés y a Artieda y a tres kilómetros se abandona la calzada. El referido pueblo queda, a la izquierda, mientras que el camino que va directo a Artieda sigue por una pista de concentración agrícola. Los que quieran ir a Arres, como nosotros deberán tomar el desvío, bien señalizado, al principio de este trecho y que discurre por el monte. (Algunos la describen como bonita senda…,sin comentarios…!), con unos fuertes desniveles que se mantienen hasta llegar a la cercanía de Arres que desde luego si no se va a pernoctar allí, (como siempre hay que estudiar el recorrido), no merece la pena de subir y es mejor continuar hacia Artieda.




Pueblo que si no fuera por el camino pensamos que ya habría desaparecido, el albergue y un hostal/bar/restaurante dan vida al pueblo. Una vez descansados y aseados tuvimos una grata experiencia y fue la visita guiada por la localidad por parte de los Hospitaleros voluntarios que estaban en el albergue y pudimos entrar (lo que no es normal) en una pequeña iglesia que guarda todo el sabor de siglos de existencia.


sábado, 21 de septiembre de 2019

PRIMERA ETAPA CAMINO ARAGONÉS. SOMPORT-JACA

Hace ya algún tiempo hicimos el Camino de Santiago empezando en Roncesvalles, como aragoneses que somos se nos quedó clavada la espinita de hacer el tramo aragonés hasta su confluencia con el navarro en Puente la Reina, así que parte de las vacaciones de este año las hemos dedicado a esta idea.
Una vez finalizada el tramo que es cuando escribimos estas especies de crónicas, sacamos varias conclusiones.
1ª Aragón por mucha que digan tiene muy olvidado el camino. Pasar pasa y como ahí está, pues ahí está, pero poco más, Canfranc y Jaca que podrían ser localidades que tuvieran tirón apenas le prestan atención, la nieve y el turismo de montaña y veraniego excursionista debe de ocuparles todo.
2ª Al camino le falta mucha estructura, son escasas las ofertas de hostelería (nuevamente salvo Jaca y Canfranc) y pernoctación y por lo tanto económicamente no tienes opciones y lo pagas. Al margen de tener que programar bien las etapas o puedes llevarte algún disgusto.
3ª A los navarros por este lado del camino, ¡evidentemente!, no les interesa potenciarlo por lo que la entrada de Aragón a Navarra deja que desear en muchos aspectos. 
4º A nuestros políticos se les llena la boca de hablar de festivales del Camino, de conciertos en el camino, de exposiciones en el camino, etc…, pero de cuidar, marcar, señalizar y procurar que haya alternativas de hospedaje y manutención nada de nada.
5ª Y como a nuestro entender, este tramo aragonés es mucho más duro, mucho más que el Navarro pues al final el boca a boca hace su labor.
   
Basta con dos anécdotas de esta primera etapa.

Hubo peregrinos que nos comentaron no pudieron comprar conchas para empezar la peregrinación ni en Canfranc ni en Jaca. Y donde comienza el camino, en lo alto del Somport, no nos daban de desayunar ¡hasta las 8,30 de la mañana! estando como estábamos unos 12 peregrinos a las 7.15 de la mañana para empezar a andar, no hubo manera de tomar nada allá arriba, seguiremos comentado detalles de este tipo a lo largo de la redacción de las etapas aragonesas.

Tengo que decir, que es una pena ya que realmente es una zona muy bonita, dura, pero con una gran riqueza paisajista.


PRIMERA ETAPA: SOMPORT- JACA

Y hechas estas anotaciones comenzamos con esta primera etapa del camino Aragonés





















Una capilla con la Virgen del Pilar y un monumento al peregrino marcan el comienzo del camino en lo alto del Somport, la etapa es Pirineo puro, con todos los atractivos paisajísticos y naturales de la alta montaña; apenas empezada la etapa pasamos por las ruinas del Hospital de Santa Cristina, al parecer uno de los grandes centros de acogida de peregrinos durante la edad media, primera decepción, llenas de maleza apenas se ven y la senda casi tienes que adivinarla.

A partir de aquí un prolongado y fuerte descenso por duras sendas que no presentan dificultad técnica salvo la fuerte pendiente, nos acercan a la que fuera importante estación internacional de Canfranc, la que esperamos (solo llevamos 50 años esperando los aragoneses) que al final vuelva a ser lo que fue, ya veremos). 










Están arreglando parte de ella, hasta dicen que van a hacer un albergue y un centro de acogida para peregrinos (no estaría mal después de tantos años….)pero el abandono es importante a nivel general, parece que en el proyecto solo vayan a arreglar la parte que se ve, vamos como decimos vulgarmente “a lavar la fachada”, abandono de las playas de las vías, de edificios que tuvieron su historia, almacenes de carga, grúas, depósitos de agua, vagones históricos, la rotonda de máquinas y vagones, etc…de todo eso nada de nada.


Justo aquí y sin quererlo nos hacemos una foto histórica, a la entrada del túnel por el que circulaba el ferrocarril, leemos en la prensa el día siguiente que están desmontando el escudo con el que nos hicimos la foto a la entrada de túnel. 















Creemos que ninguna de las guías consultadas mantiene el trazado actual de bajada desde el alto del Somport hasta Canfranc estación, de hecho en la prensa salió hace poco que la D.G.A había rehecho zonas del camino, por lo menos esta marcado pero no coincide como hemos dicho con las indicaciones de las guías.

Afortunadamente la carretera se ha pisado poco, al empezar unos escasos metros y luego pasado Canfranc hasta pasado el túnel que te desvía y que aunque con arcén es un poco peligrosa, allí el camino desciende hasta el rio y pasa por el puente medieval de los peregrinos.

Restos de estructuras militares (bunkers y nidos de ametralladoras) del XX así como la bien conservada Torre de Fusileros del XIX, que dejamos a la derecha al otro lado del rio nos acompañan durante un trecho como recuerdo de la importante zona fronteriza que fue, hasta que pasamos la localidad de Canfranc pueblo que no hay que confundir con Canfranc estación.

De Villanua, donde está la cueva de las brujas (de las güixas) a Jaca se desciende por un camino sin problemas hasta la entrada de la localidad donde un fuerte repecho pero corto nos marca el final del camino.

Una etapa en la que con tiempo y ganas puedes descubrir unas historias apasionantes; El Hospital de Santa Cristina, El túnel, la estación y el ferrocarril, los nazis, la segunda guerra mundial y su importancia en Canfranc estación, el incendio del pueblo de Canfranc, las cueva de las Güixas,…y por supuesto lo que no hay que perderse es la Catedral de Jaca, hasta Puente la Reina de Navarra no encontraremos ya edificios religiosos de esta categoría, y pocos en todo el camino como esta catedral.

Es esta creemos una etapa atípica del Camino Francés por Aragón. Porque aquí hay muchos equipamientos y servicios, no por el camino en si sino por lo que hemos dicho en la introducción, el turismo, más adelante descubriremos que esto no es así, sino más bien todo lo contrario. 

viernes, 6 de septiembre de 2019

ETAPA FINAL. En Santiago de Compostela.


Terminado el CAMINO DE SANTIAGO, un proyecto que nos ha llevado cuatro años y del que tardaremos en perder la resaca que nos ha creado (que esperamos dure lo máximo posible), una experiencia que todo el mundo debería de tener al menos una vez en la vida. Y queremos compartir con aquellos que lean este blog algunas reflexiones e invitaros a que, si tenéis la oportunidad, no la desperdiciéis. El Camino merece la pena en todos los sentidos. 

¡Buen Camino!, maravillosa frase que te desean, que deseamos a todo el mundo, todos desconocidos, y su réplica ….¡buen camino!, todos apuntando a la misma dirección, la Catedral de Santiago. 

Si hay alguna sensación en este momento, al margen de las vividas, es el orgullo de haber alcanzado la meta: no hay que engañarse, pues como prueba física es un gran reto y con una dificultad importante. Pero hay muchas otros aspectos, como el haber tomado contacto con cosas que realmente deben de importarnos, por ejemplo hemos vivido algo más de cinco semanas casi con lo justo.


El Camino es una experiencia que indudablemente puede ser enfocada desde muchos puntos de vista: el reto, la superación, el reencuentro, lo espiritual, lo religioso, la aventura, el conocimiento de otros…. Al final te das cuenta que lo importante es que a un paso le sigue otro, y a ese otro más, para al final descubrir que, a la vez que se pisa el suelo, el auténtico camino va por otros senderos invisibles, y lo que se consigue es fruto del esfuerzo personal.

Todo lo que te rodea genera una atmósfera especial: disfrute de la naturaleza, el viento, los sonidos, la niebla o un trago de agua fresca. Los parajes y caminos son preciosos en muchos tramos, penosos y sacrificados en otros; la lluvia y el sol y la niebla se confabulan y alternan para que vivas el camino desde variados puntos de vista… ¡Buen Camino! se oye una y otra vez… Vamos solos, pero formamos parte de un todo que notas que transciende, formamos parte de un camino pisado por miles de peregrinos antes que nosotros, y que será nuevamente pisado por muchos otros después. Es sorprendente la cantidad de personas que peregrinan, de tantas nacionalidades, solos (hemos visto con sorpresa gran mayoría de ellos), en bicicleta, a caballo, minusválidos en sillas de ruedas…. Hemos comprobado el espíritu de superación de personas que no podían ni andar, avanzando por caminos solo movidos por sabe Dios qué. Nosotros mismos hemos vivido la sensación de andar sin fuerzas, pasito a pasito por el dolor, erguir el porte y ver como otros en nuestras mismas circunstancias hacían lo mismo y, con dignidad y orgullo, dar unos pasos firmes e impensables momentos antes.

Caminar a pleno sol, caminar bajo la lluvia y con las botas llenas de barro, levantarse a las 5 de la madrugada para caminar al amparo de la luna, caminar casi descalzo y con una gran cruz de madera colgada al cuello, caminar tapado como si fuera un Tuareg (sobre todo los orientales), hacerse más de 30 Km. con una bolsa de plástico de la compra llena en la mano, caminar cantando o en silencio, caminar llorando, caminar pertrechado con un equipo como para subir un ocho mil, caminar con mochila y tirando de un trolley, caminar abrasado por el sol, caminar en ayunas, caminar con lo puesto y poco más… Descubres que en el Camino nada te sorprende. En el Camino te inunda una marea de pensamientos, de emociones y sentimientos. Mil sensaciones surgen de los rincones del cuerpo, pero a la vez, según transcurren los minutos y las horas y se suceden los kilómetros, la cabeza no para de funcionar. Cualquier mínimo detalle del camino: la brisa, las espigas de trigo que se agitan con el viento, las amapolas, una cigüeña regresando a su nido, un escarabajo que se cruza…, despierta una serie de pensamientos, de emociones y de sentimientos. El Camino te enseña a conocer el cuerpo y a quitar un dolor con otro dolor. Cada parte del cuerpo empieza a hablar y algunas hasta gritan. Zonas que de ordinario pasan desapercibidas, de repente parece que despiertan y te reclaman atención. Insisten en que están ahí, marcan su territorio y hacen que te olvides de otras que solemos tener más presentes. Es curioso, pero el estado “normal” es no sentir nada y vivir casi en exclusiva en nuestra cabeza. Sin embargo, cargar con una mochila, calzarse unas botas y ponerse a caminar largas horas bajo el sol, el viento o la lluvia, pisando suelos irregulares y pedregosos, hace que se despierten rincones recónditos de nosotros mismos. Un dedo del pie, el lado izquierdo del talón, los hombros, las rodillas y los tobillos empiezan a quejarse, todos a la vez o uno detrás de otro, y entonces sientes que eres mucho más que tu cabeza. 
Pero, sobre todo, el Camino son los otros peregrinos. Reparas en cómo visten, cuánta carga llevan, cómo caminan, cómo descansan, qué comen… Todos ellos son una historia andante, siempre hay un cierto misterio que rodea a cada uno, y no es otra cosa que el motivo que les ha llevado hasta allí. Muchas veces prefieres no saberlo, no vaya a ser que la respuesta haga perder a esa persona todo el interés que nos suscita. Así uno mantiene la distancia con ciertos peregrinos y refrena las ansias de conocerlos. Con algunos peregrinos hablas, con otros deseas hablar, con unos pocos lo haces, pero te sientes unido con todos, porque las palabras no son la única manera de comunicarse y de establecer una relación.

Otra de las grandes sensaciones, sobre todo al paso por las pequeñas localidades, pueblos y aldeas, y al margen del contacto con las personas que allí habitan (impagable, eso es otra España), es la sensación de confianza. Te alejas del miedo a los otros, de la necesidad de blindarse, la seguridad la da el hecho de que tienen en común el ser peregrinos como nosotros, y esta sensación no tiene precio. 

Y qué decir de las celebraciones al caer de la tarde. Si alguna vez lo hacéis procurad interesaros por ellas:

las vísperas en algunos monasterios, o la misa del peregrino en según qué sitios, no os dejarán nunca indiferentes.

Santiago "LA META"
El cubrir una etapa en el Camino es una manera de tomar conciencia de que un viaje largo comienza con un primer paso, como todo en la vida. Si no se hiciera así, sería imposible pensar en los 800 kilómetros a pie. Se toma plena vigencia de que hay que ir paso a paso, de ser realista en el avance, hemos visto también ¡claro! quienes se tomaban las etapas como cuantos más kilómetros y más rápidamente mejor, pero han sido contados con los dedos de la mano.

El Camino es además plena conexión con la naturaleza, robles y eucaliptos haciendo bóvedas de sombra en caminos rodeados de verde, bosques aparecidos entre la bruma como si fuera una postal, llanuras inclementes al sol, sin ningún árbol en kilómetros, que alargan tu sombra hasta el infinito o sencillamente oler y respirar profundamente…

Y para acabar, dos consejos si te decides a hacerlo: 

El Camino decide cuándo entras en él. Estamos en el punto de partida. Tienes toda la ropa limpia, bien doblada y organizada en la mochila. Al día siguiente nos levantamos temprano y nos ponemos a caminar. Vemos a otros caminantes que avanzan a su ritmo. Nos adelantan, adelantamos, nuestros pies están perfectos, las piernas van ligeras… Esos primeros kilómetros, incluso esa primera etapa, son como una excursión o una marcha de trekking. Por fin llegamos al destino del día. Ves a otra gente escribir en sus cuadernos, con la mirada fija en móviles y tablets, fumando o disfrutando una cerveza. Empezamos a hacer lo mismo, nos sentamos, escribimos, bebemos, contemplamos el entorno. Todavía no ha entrado el Camino en nosotros. Hay un momento en el que, sin embargo, tú percepción cambia, tus sensaciones no tienen nada que ver con las de una escapada de domingo. Empezamos a establecer conversaciones que ya no son casuales, y mides tu fuerza interior de una manera distinta. No se puede decir cuántos pasos son necesarios para que se produzca la transformación. Para cada uno es diferente. Pero hay un momento concreto en el que dejamos de ser caminantes y nos convertimos en peregrinos. 

En el camino 1+1 no son 2. Todos los kilómetros no son iguales. No es lo mismo un kilómetro al comienzo, que en medio que al final. Un kilómetro tiene un valor distinto para cada peregrino y dentro de la jornada de cada peregrino. Los kilómetros acumulados algunas veces son una carga insoportable y otras, en cambio, te proporcionan la fuerza necesaria para seguir y llegar a tu destino. Lo mismo ocurre con el tiempo. Un minuto son sesenta segundos siempre, pero un minuto temprano por la mañana es más corto, mucho más corto que un minuto cuando llevas acumulados muchos minutos o muchos kilómetros, porque en el Camino la distancia es tiempo y viceversa. 
Empezamos a desear “Buen Camino” de forma automática sin pensarlo demasiado, casi como una fórmula de cortesía. Según nos fuimos acercando a nuestro destino nos vamos dando cuenta de que esas dos palabras tienen un significado profundo. El día que te despides de los otros peregrinos les deseas “Buen Camino” no ya para ser educado, sino como una reverencia por haber compartido la experiencia, y como un deseo sincero a partir de ese momento. 

¡Buen Camino! 

Al final del Camino, entrando en la indescriptible plaza del Obradoiro, vimos a personas alumbradas por ideales y sueños que no tenían límites y nos emocionamos, nos llenamos de alegría y dimos gracias al apóstol y a Dios. 
Nos sentimos orgullosos al poder decir, ¡somos peregrinos del Camino de Santiago!


        


Y como no podía ser de otra manera, una vez cumplida la visita y oración al Santo, la celebración de la misa del peregrino con Botafumeiro, ir a recoger nuestra Compostela, sellar en la oficina del Peregrino, etc., a descansar y disfrutar de Santiago, su gastronomía, entorno y su lluvia.