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martes, 18 de agosto de 2026

LOS ULTIMOS 100 Km. (4)

 LOS ULTIMOS 100 KM. (IV). OCTAVA Y NOVENA ETAPAS. EPÍLOGO.

OCTAVA ETAPA SALCEDA - LAVACOLLA 15 km.

Caracterizada por su baja dificultad, comenzamos a ver las balizas del aeropuerto de Santiago y sus hermosos tramos boscosos La cercanía a Santiago hace que esta etapa esté bastante concurrida, pasamos los últimos montes de eucaliptos y robles y pronto llegaremos a Lavacolla, acabada la zona que bordea el aeropuerto enfilando hacia el final de la etapa nos espera un repecho considerable que recordamos de veces anteriores.
Las etapas 36y 37 de este blog como en las etapas anteriores describen este tramo.
Las ultimas visitas a las iglesias del camino antes de llegar a Santigo, estas ya con demasiada gente, no todo peregrinos.Y como ya hemos dicho que esta vez el camino nos lo tomamos con calma elegimos un ultimo hospedaje de relajo total.



ULTIMA ETAPA LAVACOLLA - SANTIAGO DE COMPOSTELA 10 km.

El camino asciende suavemente desde el arroyo de Lavacolla (lugar donde tradicionalmente los peregrinos se purificaban antes de entrar a la ciudad) a medida que avanzamos ya empezamos a ver la impronta urbanística que siempre es antesala de una ciudad, carreteras, urbanizaciones, industrias e instalaciones, seis kilómetros de ascenso pasando por la pequeña población de San Marcos son los que restan para llegar al Monte do Gozo. No son precisamente muy agradables, ya que buena parte del tramo hay que hacerlo por carretera y asfalto, Este tramo no es el más bonito pero si el más significativo por ser la última etapa, hasta llegar al Monte do Gozo, y desde este punto elevado la primera vista panorámica de las torres de la Catedral de Santiago.

Un descenso con las ultimas fotos del camino ya en el tramo urbano de Santiago al casco histórico de Santiago. Bajamos para cruzar el Arco del Palacio, donde casi siempre suena la gaita como anticipo de las emociones al entrar en la indescriptible plaza del Obradoiro. (Etapa 37 del camino francés en nuestro blog)

Tras un buen rato sentados en el suelo de los porches del Ayuntamiento contemplado la catedral, la gente y el ambiente y serenando nuestro espíritu, como tenemos ya experiencia, lo primero que hacemos es ir a recoger la Compostela que en honor a la verdad hay que decir que a día de hoy lo tiene muy bien organizado sobre todo si te escaneas el QR un par de días antes de llegar. Nuestra primera Compostela, hace más de diez años, nos hizo estar casi una mañana entera en la oficina del peregrino, esta vez escasamente 20 minutos.

Dejamos para la tarde la asistencia a la misa del peregrino una vez nos hemos aseado y descansado, allí vemos caras y rostros que hemos visto a lo largo del camino, que como la vida misma cada uno ha seguido su camino pero que al final nos hemos vuelto a encontrar.





EPILOGO

El Camino tiene una mala costumbre: la de querer volver.                                                                           
Empieza de forma discreta. Un recuerdo suelto: una pequeña andada, el olor a café en un bar de aldea de esas que visitamos cuando hacemos turismo, alguien que con naturalidad te dice hola y que nos recuerda el ¡buen camino! del saludo de la mañana, la mirada de reojo a la estantería de la bodega donde aguardan ropas y material cuando coges las maletas para hacer algún viaje…

Y entonces aparece el mono

Y empiezas a colocar fechas en el calendario, como si alguien las hubiera reservado antes. Las mochilas, mientras tanto, esperan impacientes.

Y nosotros, que ya deberíamos conocer la enfermedad, volvemos a caer en lo de siempre: ese deseo extraño de echar a andar sin prisa, de cruzarnos con desconocidos y desearles lo mismo que a nosotros nos empuja a volver, ese verte andar solos y aislados de todo el mundo (aunque esto últimamente….) de cruzarnos con desconocidos y desearles lo mismo que a nosotros nos empuja a volver.

                          ¡Buen Camino!

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